El Gobernador, Aníbal Acevedo Vilá, ha iniciado un proceso para repensar la pertinencia ideológica del PPD. Esta convocatoria no se da en un mejor momento. 

Puerto Rico enfrenta una importante encrucijada. Nuestra economía navega en las aguas turbulentas de la globalización, la guerra y nuestro tranque político.  La tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo, junto a la obstrucción de este último de la agenda del Gobernador, ha causado grandes estragos.  Existe una grave crisis de confianza del pueblo en sus instituciones.  Las finanzas gubernamentales requieren de nuevos enfoques y de consensos patrióticos.   

La estructura misma del Estado debe repensarse, en su rol, su tamaño y en la asignación de responsabilidades y recursos entre el gobierno central, el sistema municipal y las comunidades en su autogestión.  

Frente a la nueva situación y a los aleteos destructivos de los que no entienden, ¿cuáles son los deberes e ideales que nos urge asumir?  Como Populares, sugiero la defensa de una cultura política y de unos principios filosóficos en la siguiente dirección:  

Primero, afirmar una cultura de respeto y buena convivencia en la diferencia.  No neguemos las profundas discrepancias que nos dividen como pueblo. Ubiquémoslas en el contexto correcto.  La tolerancia no conlleva rendición; sino el reconocimiento que todos somos de la familia puertorriqueña.  
 
Segundo,  sostener la pulcritud, la honestidad, y la moderación  en la acción y en el gasto público como cualidades esenciales para reconstruir la relación de credibilidad entre el Pueblo y el Estado.  

Tercero, hay que darle espacio a las nuevas generaciones para que se integren a presentes.   La juventud más allá de defecto, puede ser, fuerza creadora. Como dijo Muñoz, “La misión de la juventud es madurar en el entendimiento sin decaer en la generosidad.” Todas las generaciones deben  entender el valor de dicha enseñanza.
 
Cuarto, pongamos el asunto del status en manos del pueblo.  Muñoz creía que el status le servía a la gente; al revés.  Por ello, debemos favorecer la convocatoria a una Asamblea Constitucional de Status que negocie con Estados Unidos y le presente al pueblo el resultado de dicha negociación para su consideración.    

Quinto, el desarrollo del ELA debe solidificar la bilateralidad de nuestra asociación con Estados Unidos, proclamar su naturaleza soberana y no territorial, afirmar la capacidad de darle soluciones puertorriqueñas a nuestros problemas y expandir la capacidad de nuestro pueblo de relacionarse económicamente con el resto del mundo.  

Sexto, la redefinición del concepto de justicia social para enfrentar los retos actuales.  Para ello hay que reconocer quienes son los necesitados de nuestro tiempo y cuáles son sus necesidades.  Hay que ampliar las oportunidades de empleo mejor remunerado de nuestra clase asalariada y nuestros jóvenes profesionales para que tengan las condiciones que les permitan hacer su vida  en Puerto Rico. 

Séptimo, la estructura del PPD tiene que modificarse para hacerla más ágil y abierta a la participación democrática.  En la era de las comunicaciones, de la “hiperdemocracia” del internet, se requiere una nueva manera de conducir los asuntos en el seno del Partido. 

En fin, nuestro partido requiere que todos aportemos nuestras ideas y las ejecutemos de inmediato.