Hoy conmemoramos la centuria del nacimiento del segundo gobernador electo por los puertorriqueños, Don Roberto Sánchez Vilella. En opinión de muchos, Don Roberto personifica la esencia del buen servidor público. Honesto. Dedicado. Sencillo. INSOBORNABLE.

De niño fue testigo de la Masacre de independentistas manifestándose en paz en su Ponce natal. De joven, se graduó de ingeniería en la Universidad de Ohio. Al término de dichos estudios, el destino lo llevó a Washington, DC, a un encuentro con Luis Muñoz Marín que cambiaría su vida y la del país.

Muñoz lo retó a abandonar sus planes en Estados Unidos y asumir la responsabilidad del servicio público. El ingeniero aceptó y pronto laboraba en el lago Garzas para la Autoridad de Fuentes Fluviales. Seguirían luchas junto a Muñoz en el Partido Liberal, fundando el Partido Popular, asesorándolo como Presidente del Senado, como Administrador de la Capital y eventualmente, como Secretario de Estado y de Obras Públicas.

Fungiría como el motor de implantación de la obra ejecutiva del gobierno de Muñoz. Al término del mismo, sería selecionado como el sucesor del Vate. Como gobernador haría importantes reformas. Mantuvo la honestidad pública y también fue centro de pugnas políticas que desembocaron en la polémica elección del '68.

Posterior a eso dio cátedra y estuvo disponible para luchas importantes como la Nación en Marcha, la asociación soberana entre PR y EU, así como el derecho del elector a votar en rechazo de las opciones que presenten los partidos. Antes de su deceso, encomendó al Dr. Juan Fernández a que luego de su muerte, hiciera inventario de la poca y anticuada propiedad pública en su despacho de ex gobernador para ser devuelta al gobierno. Donó sus papeles a la UPR.

Al conmemorar el siglo de Don Roberto, reconozco dos deudas adicionales con él. Le agradezco haber creído en otro joven ingeniero, designándolo Comisionado de Servicio Público en 1967. También le agradezco haber cultivado las inquietudes por el servicio público de un estudiante suyo en la Facultad de Derecho de la UPR en 1994. Las vidas de mi padre, la mía y la de tantos otros puertorriqueños resultaron mejores gracias a la suya.

Un abrazo en su siglo, Don Roberto.