Cero Maltrato Menores

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Los casos de abuso sexual a menores han provocado una oleada de reacciones de diversos sectores de la sociedad. Preocupa que la incidencia de abuso sexual a nuestros niños y niñas aparenta estar en un aumento dramático.

 

Datos de la Organización Mundial de la Salud indican que cerca de 200 millones de niños son abusados en todo el mundo. Según estadísticas del Departamento de Salud, en Puerto Rico los casos de la violencia sexual tienen entre sus principales víctimas a las mujeres, siendo el 56.4% de los casos atendidos menores de 14 años de edad. Esto es revelador: nuestros niños y niñas forman parte de un alto porcentaje (62.8%) que los hacen vulnerables de ser víctimas de abuso sexual por ser menores de 14 años.

 

No podemos observar inertes cómo la niñez de nuestro país está siendo corrompida, Las manifestaciones de abuso sexual producen un efecto devastador en sus víctimas, marcándolos por toda la vida. La literatura que habla sobre este tema, señala que los niños que han sido víctimas de este delito generalmente desarrollan una pérdida de autoestima, tienen la sensación de que no valen nada, adquieren una perspectiva anormal de la sexualidad y pueden perder la confianza en todos los adultos.

 

Los delitos de tipo sexual incluyen casos desde violación y actos lascivos hasta el material obsceno. Dentro de éste último, se incluye la pornografía infantil. Eso es inaceptable. Hace falta una legislación más rigurosa y específica que específicamente enfrente a aquellos que producen, trafican y se lucran de la explotación de nuestros niños.

 

La producción, trasiego y promoción de la pornografía infantil deben ser consideradas como actos sumamente reprochables porque adultos, sin escrúpulos, se aprovechan de la inocencia de niños y niñas para someterlos a actos denigrantes a su dignidad y seguridad física y emocional. De igual manera, no hay duda que dicho material incita a ofensores sexuales a reproducir actos violentos que ven en ese material pornográfico.

 

Al consultar datos estadísticos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), hasta la fecha se han arrestado cuatro personas por posesión y distribución de pornografía infantil, uno fue sentenciado y otro fue hallado culpable. En el foro estatal, estamos haciendo todo lo posible por evitar que estos depredadores tengan algún tipo de acceso a la libre comunidad que les permita acercarse a sus víctimas nuevamente.

 

Es necesario aumentar la pena de este delito, según está contemplado en el nuevo Código Penal de Puerto Rico. El hecho que un individuo que ha sido convicto por el delito de producción de pornografía infantil tenga derecho a la libertad bajo palabra, puede aumentar la probabilidad de acercarse a su víctima, produciendo más efectos negativos a la salud emocional de ésta última.

 

En aras de defender la integridad de la niñez puertorriqueña, hemos presentado tres proyectos de ley en la Cámara de Representantes que buscan enmendar los artículos 157, 159 y 161 del Código Penal de Puerto Rico para que las personas convictas por este delito no tengan derecho a sentencia suspendida ni a libertad bajo palabra. También se busca aumentar la pena de este delito de tercer grado a segundo grado. Próximamente, los tres proyectos (P. de la C. 3017, 3018 y 3019) irán a vista pública en la Comisión de lo Jurídico de la Cámara de Representantes.

 

Es necesario impulsar legislación que proteja la inocencia y la vida de aquellos que aún no se pueden valer por sí mismos. En la medida que la Asamblea Legislativa apruebe este tipo legislación, seremos más proactivos en la defensa de nuestra niñez, encausando severamente a los ofensores sexuales y a los que se lucran inescrupulosamente de la pornografía infantil. ¿Cómo podemos apostar por un Puerto Rico mejor si tenemos una niñez y una juventud enferma? Tenemos que darle las herramientas a esta nueva generación para que puedan ser productivos, creando líderes eficaces que le puedan servir bien al pueblo de Puerto Rico en un futuro.

 

No podemos permitir que los niños y las niñas crezcan en un ambiente de abuso, miedo y angustia. Tenemos que trabajar mucho para lograr que se eduquen y crezcan con amor y seguridad. Con esta legislación damos un paso hacia esa meta.

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